Zagreb: la historia de Kaptol, el colorido de Gradec y la elegancia de la Ciudad Baja

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El viaje a Zagreb desde Ljubljana duró poco más de dos horas. El tren siguió casi perfectamente el curso del río Sava, y me dejó en la Estación Central o Glavni Kolodvor ya entrada la noche. Si bien ese día el frío no era tan intenso, el aroma de la última lluvia aún se podía percibir en el aire. Las calles empedradas de la ciudad, reflejaban el brillo de las luces de los tranvías, mientras yo aguardaba el arribo del número 13, que en menos de diez minutos me llevó hasta Trg bana Josipa Jelačića, la plaza principal de la ciudad. De allí, caminé unos metros para llegar al Hotel Jagerhorn, uno de los más antiguos y mejor valorados de Zagreb, que además goza de una excelente ubicación sobre la calle Ilica.

Zagreb, que en su zona metropolitana suma más de un millón de habitantes, es una ciudad de típico estilo centroeuropeo. La capital de Croacia, es el centro de la vida cultural, política, del comercio y las comunicaciones del país. Localizada sobre la margen norte del río Sava, el área de Zagreb ha sido habitada desde el neolítico, y cuenta con un museo y parque arqueológico romanos en Ščitarjevo, un pueblo cercano al aeropuerto. Sin embargo, la historia le ha dado más protagonismo desde la Baja Edad Media, época en la cual surgieron dos asentamientos en colinas vecinas, y que hoy forman el centro histórico de la ciudad: Kaptol y Gradec.

Stube biskupa Duha son las escaleras del Obispo Duh, que descienden por la colina de Kaptol, hasta la muralla.
Stube biskupa Duha son las escaleras del Obispo Duh, que descienden por la colina de Kaptol, hasta la muralla.

En el año 1094, el Rey Ladislao I de Hungría, como parte de la expansión de su reino sobre el territorio croata, fundó una diócesis en el monte Kaptol, y nombró al primer obispo de Zagreb, un checo que se llamaba Duh. Enfrente de Kaptol y sobre otra colina se encontraba Gradec, que fue proclamada ciudad real libre en 1242, mediante una Bula de Oro otorgada por el Rey Béla IV. La pintoresca calle Ulica Ivana Tkalčića, coloquialmente llamada Tkalča, fue anteriormente el arroyo Medveščak, que dividía las poblaciones de Kaptol y Gradec. En honor al obispo, la escalera que une la calle Tkalčićeva y la calle Opatovina lleva su nombre.

Reloj de Sol en la Calle Tkalčićeva
Reloj de Sol en la Calle Tkalčićeva

Ambos asentamientos sufrieron los ataques enemigos que llegaban desde el este. Primero fueron los mongoles, que dañaron la catedral construida en Kaptol, y más tarde llegaron los turcos. Mientras Gradec había sido fortificada en el siglo XIII luego de la invasión de los mongoles, Kaptol recién tuvo sus murallas doscientos años más tarde, cuando el obispo decide fortificar la catedral y su residencia. Hoy en día se puede ver gran parte de las murallas que protegieron a ambos asentamientos a lo largo de la historia.

Desde el siglo XVI, Gradec fue la sede del Ban, el gobernador de Croacia delegado por el Reino de Hungría, y también allí se instaló el Parlamento. En el siglo XVII llegó el barroco a la ciudad, y cambió su aspecto significativamente. Las viejas casas de madera fueron demolidas y dieron lugar a opulentos palacios, monasterios e iglesias. Las ferias y el comercio, contribuyeron en gran medida a la riqueza de la ciudad, que recibió entonces a aristocráticas familias acomodadas, funcionarios y miembros del clero. La ciudad creció más allá de sus fronteras medievales y se extendió a las tierras bajas. Zagreb confirmó su posición como el centro administrativo, cultural y económico de Croacia.

Cuando en 1850 Kaptol, Gradec y los asentamientos circundantes se combinaron administrativamente en la ciudad integrada de Zagreb, el desarrollo fue aún mayor. Y a pesar del fuerte terremoto de 1880, Zagreb resurgió con la reconstrucción ya que se levantaron nuevos edificios públicos, se diseñaron los característicos parques, y se organizó el transporte urbano. En el siglo XIX la población se multiplicó por diez y el siglo XX trajo el estilo secesionista. La ciudad se industrializó significativamente en la década de 1960 y se extendió a lo largo de las llanuras junto al río Sava, donde se ha desarrollado un nuevo distrito de negocios.

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Las fachadas de los edificios le dan un marco colorido a la plaza principal: Trg bana Josipa Jelačića

Mi recorrido por la ciudad se inició a metros del hotel, en la plaza principal o Trg bana Josipa Jelačića. Ubicada en la Ciudad Baja o  Donji Grad, es el centro del transporte urbano y allí confluye la mayor cantidad de tranvías que circulan por Zagreb. La plaza ha sido renombrada varias veces. En su origen se la llamaba Harmica, según la palabra húngara que significaba “treinta”, en relación al impuesto aduanero que se pagaba allí por la mercancía. En 1848 recibe el nombre actual, dedicada al gobernador croata Jelačić, a quien se lo ve montado a caballo en una gran estatua instalada por la autoridades austríacas en 1866, a pesar de las protestas de quienes veían a Jelačić como un traidor. La estatua fue retirada en 1947 porque el gobierno de Yugoslavia acusaba a Jelačić de servidor de intereses extranjeros. La plaza entonces cambió de nombre para llamarse Plaza de la República o Trg Republike. Al desintegrase Yugoslavia en 1990, el papel histórico del gobernador se volvió a considerar positivo, la plaza recuperó su nombre y la estatua fue colocada nuevamente. Pero esta vez, se la instaló en la parte norte, y no mirando hacia Austria, sino hacia el sur.

El funicular de Zagreb conecta la Ciudad Baja con Gradec
El funicular de Zagreb conecta la Ciudad Baja con Gradec

Salí de la plaza por el lado oeste, y caminé por la concurrida calle Ilica unos cien metros, hasta llegar a un callejón que se abre hacia el norte: Tomićeva ulica. Desde la esquina pude ver el funicular de Zagreb o Zagrebačka uspinjača, que me llevó hacia Gradec. El funicular es un monumento cultural que fue construido a finales del siglo XIX. Tiene tan solo 66 metros de vías y sube unos 30 metros de altura en 55 segundos, lo que lo convierte en uno de los más cortos y empinados del mundo.

La Torre Lotrščak del siglo XIII
La Torre Lotrščak del siglo XIII

Saliendo del funicular, me topé con la icónica Torre Lotrščak o Kula Lotrščak, que data del siglo XIII. Fue construida para vigilar la puerta sur de la muralla de Gradec. En el siglo XIX,
se agregó un piso y nuevas ventanas a la torre, y en la parte superior se colocó el cañon Grič. Cada día desde 1877, una salva de cañón marca el mediodía exacto, algo que originalmente servía para dar la señal a todos los campaneros de las iglesias de la ciudad. Así que ya saben, si escuchan cañonazos, es mediodía en Zagreb.

El paseo panorámico de Zagreb: Strossmayerovo šetalište
El paseo panorámico de Zagreb: Strossmayerovo šetalište

Si bien la colina de Gradec no es demasiado elevada, las vistas panorámicas desde los distintos balcones hacia la ciudad son muy atractivas. Por ello, caminé a lo largo del paseo sur de la colina, llamado Strossmayerovo šetalište, que se extiende a izquierda y derecha de la estación del funicular, y es uno de los más bonitos lugares de la ciudad para tomar un descanso. Su nombre se debe al obispo y político más importante de la escena croata durante el siglo XIX. Si bien era invierno, el tibio sol del mediodía que asomaba a través de los castaños, hacía agradable el paseo.

La Iglesia de San Marcos o Crkva sv. Marka, en la plaza del mismo nombre
La Iglesia de San Marcos o Crkva sv. Marka, en la plaza del mismo nombre

Para conocer esta parte de Zagreb, me dirigí unos doscientos metros al norte del funicular y llegué a la Plaza de San Marcos o Trg Svetog Marka, que constituye el corazón de la Ciudad Alta, y la que en la Edad Media fuera la plaza del mercado de Gradec. Dominando la plaza se encuentra la Iglesia de San Marcos o Crkva sv. Marka, una iglesia románica del Siglo XIII que aún conserva parte de su estructura original. El techo gótico y el santuario se añadieron a finales del siglo XIV, junto con las quince estatuas que se interponen en nichos encima del portal del sur. Reconstruida sustancialmente en estilo neogótico a finales del siglo XIX, la iglesia es muy llamativa gracias a su colorido tejado, decorados con dos escudos: a la izquierda el del Reino de Croacia, Dalmacia y Eslavonia y a la derecha, el de la ciudad de Zagreb.

El Palacio de Gobierno Croata conocido como Banski dvori
El Palacio de Gobierno Croata conocido como Banski dvori

El Palacio de Gobierno o Banski dvori se encuentra en el número 1 de la plaza y es la sede del Gobierno de Croacia y la oficina del Primer Ministro. El palacio fue construido a principios del siglo XIX y fue la residencia de los Gobernadores o Ban de Croacia entre 1808 y 1918. Allí también vivió el legendario Ban Josip Jelačić. Del otro lado de la plaza, se levanta el edificio del Parlamento Croata o Hrvatski sabor, que ha sesionado allí desde 1737, aunque el palacio actual data de principios del siglo XX. Fue aquí donde los parlamentarios votaron a favor de cortar los lazos políticos con el Imperio Austrohúngaro en 1918 y con Yugoslavia en 1991.

Puerta de Piedra o Kamenita vrata, el único acceso antiguo a la Ciudad Alta. Sus nombres figuran en croata y alemán.
Puerta de Piedra o Kamenita vrata, el único acceso antiguo a la Ciudad Alta. Sus nombres figuran en croata y alemán.

En las paredes de los edificios alrededor de la plaza, los nombres de las calles tienen una particularidad, producto de haber cambiado varias veces en la historia. Los restauradores, quitando las capas de pintura de las fachadas, han dejado al descubierto los antiguos letreros en dos idiomas: los nombres croatas escritos en alfabeto latino y sus versiones alemanas en el gótico. Un ejemplo de ello lo vi en la Puerta de Piedra o Kamenita vrata, el único acceso antiguo a la Ciudad Alta. Esta puerta medieval, recibió su forma actual en el siglo XVIII, cuando se instaló en su interior la capilla de la Madre de Dios entorno a la pintura que sobrevivió por milagro a un incendio en 1731. Desde entonces, la Puerta de Piedra es un lugar de peregrinaje.

Bajé por la calle de la Puerta de Piedra y llegué a Radićeva ulica, una calle inclinada que me llevó desde la Ciudad Alta hasta la plaza principal. Las antiguas casas de madera muchas veces se incendiaban y por eso con el tiempo fueron reemplazadas por casas de ladrillo de varias plantas. En el siglo XIX, esta calle se convirtió en el centro comercial de la ciudad. Aproveché el tiempo en la plaza para tomar algo caliente, antes de continuar por la calle Splavnica y llegar al área de Kaptol. Entré por el mercado al aire libre más típico de la ciudad. Es el mercado de Dolac, donde los productores venden frutas, verduras, carnes y pescado desde bien temprano, y se encuentran productos de temporada de cualquier región del país. Allí fue donde compré algunos souvenirs croatas.

El campanario verde y dorado de la Iglesia de Santa María y detrás, una de las torres de la Catedral
El campanario verde y dorado de la Iglesia de Santa María y detrás, una de las torres de la Catedral

Escondida detrás del mercado, la iglesia barroca de Santa María o Sveta Marija data del siglo XVIII, y fue construida donde antes existió una iglesia cisterciense del siglo XIII. Su esbelto y brillante campanario verde y dorado, puede ser visto desde varios sitios, pero la ubicación de su entrada hace que sea difícil encontrarla. Está en un corredor debajo de las arcadas que enlazan el mercado con la calle Tkalčićeva.

Salí por la parte derecha de Dolac, y allí mismo estaba la majestuosa Catedral de la Asunción de la Virgen María que representa uno de los símbolos más conocidos de la ciudad. El Obispado de Zagreb se fundó en 1094 e inmediatamente después empezó la construcción de la catedral. Este santuario fue concebido en estilo gótico a finales del siglo XIII. Cuando los constructores iban a iniciar los trabajos del campanario, los turcos ya estaban acercándose a Zagreb, y tuvieron que interrumpirlos para construir las murallas de defensa de la ciudad. En el siglo XVII, cuando desapareció la amenaza, se empezó la construcción del campanario, de influencia barroca. En 1880, tras el fuerte terremoto, se inició la reconstrucción de la catedral en el estilo neogótico, momento en el cual obtiene su aspecto actual con sus dos delgadas torres, visibles desde cualquier parte de la ciudad.

La Fuente de la Madre de Dios y los Angeles, frente a la Catedral de Zagreb
La Fuente de la Madre de Dios y los Angeles, frente a la Catedral de Zagreb

Las murallas alrededor de la Catedral de Zagreb cuentan con tres torres y fueron construidas durante la invasión turca. Se levantaron entre 1512 y 1521. Durante la reconstrucción de la catedral a finales del siglo XIX, se destruyó la torre que estaba delante de la entrada para abrir la vista hacia la Catedral, y delante de ella se levantó una fuente conformada por una columna con la escultura dorada de la Madre de Dios, y las de los cuatro ángeles que representan las virtudes cristianas: Fe, Esperanza, Castidad y Modestia.

La Casa Kallina, de estilo secesionista vienés
La Casa Kallina, de estilo secesionista vienés

Luego de haber recorrido Gradec y Kaptol, llegó el turno de la Ciudad Baja. Regresé a la plaza principal y me propuse caminar por las calles del centro comercial. Hice algunos metros por Ilica, luego bajé por la plaza donde se encuentra la Iglesia Ortodoxa Serbia, en una zona peatonal de ambiente relajado, con varios cafés y terrazas que son el fiel reflejo de la cultura de Zagreb. Enseguida llegué a la calle Masarykova. El objetivo allí era visitar el monumento a Nikola Tesla, el croata que para sus contemporáneos fue un mago, porque no entendían la mayoría de sus inventos y experimentos. También sobre esta calle, pude apreciar la famosa Casa Kallina, que fue construida a principios del siglo XX. La fachada está cubierta de coloridos azulejos ocres, celestes y azules. Un ejemplo del estilo secesionista vienés en Zagreb.

El Teatro Nacional Croata de Zagreb, en la Plaza del Mariscal Tito
El Teatro Nacional Croata de Zagreb, en la Plaza del Mariscal Tito

Continué caminando hacia el oeste algunos metros, hasta llegar a la Plaza del Mariscal Tito o Trg maršala Tita. Esta plaza es la última de una serie de ocho espacios verdes que forman el eje de planificación de la ciudad de Zagreb del Siglo XIX. Allí se encuentra el Teatro Nacional de Croacia o Hrvatsko Narodno Kazalište, inaugurado en 1895. La arquitectura del teatro es de estilo historicista, que imita las abundantes formas barrocas. Su fachada amarilla es muy llamativa, y la localización en medio de la plaza, hacen de este teatro una obra imposible de ser ignorada. Me senté algunos minutos en el parque, ya que de nuevo el sol le daba al invierno una tibieza muy placentera.

El parque Zrinjevac, uno de los que conforman la U verde de Zagreb
El parque Zrinjevac, uno de los que conforman la U verde de Zagreb

Recorrí varios parques, todos muy bien cuidados. Fueron diseñados siguiendo la forma de una U, de manera que se puede caminar por ellos, uno tras otro, y disfrutar de los bellísimos edificios o fuentes que se alzan en cada uno. En la otra parte de la U, diseñada siguiendo los patrones del ring de Viena, destaca el parque  Zrinjevac o Trg Nikole Šubića Zrinskog, también muy verde incluso en pleno invierno. Es difícil imaginar que hasta finales del siglo XIX en este lugar había mercado ganadero. Esta plaza se transforma en un elegante paseo con plátanos importados de Trieste, un pabellón para conciertos y variadas fuentes.

La caminata por el circuito de parques le dio a mi viaje una visión distinta de la que había tenido el primer día. Zagreb es una ciudad con historia y mucha vida cultural, pero también con espacios para relajarse y disfrutar al aire libre, en cualquier época del año. Y en invierno, solo hace falta abrigarse bien y llevar algún paraguas en el equipaje. Y por supuesto, muchas ganas de caminar.

© Todos los textos e imágenes (a menos que se indique lo contrario) son propiedad de Roberto Rodriguez y Viajemosblog (2014-2016).

Amsterdam: la Estación Central, Binnenstad y los canales al otro lado del Singel

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Desde el aire, los colores de la primavera se dejaban ver a través de algunos bancos de niebla. Al aterrizar, ya recordaba lo emocionante que había sido mi anterior visita a Amsterdam, unos quince años antes.

En muy pocos minutos llegué a la ciudad, gracias a la excelente conexión ferroviaria que existe con el aeropuerto de Schiphol.  El transporte público en la capital holandesa y en general en todo el país es magnífico, y no dudaría en afirmar que es uno de los mejores de Europa.

Amsterdam nació como un asentamiento pesquero alrededor del año 1200, sobre terrenos pantanosos en la desembocadura del río Amstel. Las aguas que la rodeaban se controlaban mediante diques y polders, lo que permitió que la ciudad se fuera expandiendo, hasta convertirse en la urbe comercial más importante del norte de Europa. En el siglo XVII fue el centro del enorme y rico imperio colonial holandés que se extendió por todo el mundo, y junto con ello, se transformó en una ciudad de una impactante belleza.

Fachada neorrenacentista de la Estación Central de Amsterdam
Fachada neorrenacentista de la Estación Central de Amsterdam

Recorrer Amsterdam es tan apasionante que se necesitan varios días para conocerla de verdad. Se pueden vivir experiencias distintas en cada uno de los 80 puentes que cruzan los 165 canales del área céntrica de la ciudad.

El clima acompañaba perfectamente así que sin dudarlo, empecé a caminar. El edificio neorrenacentista de la Estación Central o Amsterdam Centraal es lo que casi todos vemos al llegar y además fue un buen punto de partida para mi paseo. Inaugurada en 1889, la estación es el centro de conexiones del transporte de la ciudad, y allí confluyen el ferrocarril, el metro, buses y tranvías.

Vista de la Estación Central desde Damrak
Vista de la Estación Central desde Damrak

El edificio fue construido sobre tres islas artificiales, y en su momento fue muy criticado ya que le quitó a la ciudad su vista al lago de IJ o IJmeer, reemplazando al antiguo puerto como punto simbólico de Amsterdam.

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Torres y cúpula de Sint Nicolaaskerk

Crucé la calle que separa la estación del centro histórico de la ciudad o Binnenstad, para observar la icónica silueta de la Iglesia de San Nicolás o Sint Nikolaaskerk. Su construcción fue concluida en 1887, y reemplazó a iglesias católicas que se habían construido en la ciudad en forma clandestina cuando Amsterdam era oficialmente protestante. Su tamaño es notable en comparación con los típicos edificios que la rodean.

Continué mi caminata por detrás de la iglesia y llegué a Oudezijds Voorburgwal, un canal en pleno Barrio Rojo. Tanto el canal como sus pequeñas callecitas laterales son muy ricos en contrastes. Por un lado, es una de las más famosas calles del Barrio Rojo, repleta de burdeles, bares y cafeterías. Por otro lado, hay abundancia de construcciones del Siglo de Oro holandés, un período de la historia de los Países Bajos durante el siglo XVII, en que este país se transformó en una potencia de Europa y en el que florecieron el comercio, la ciencia y la cultura. Son lugares para perderse caminando, y así lo hice, hasta que llegué al imponente edificio de la Oude Kerk.

El campanario de Oude Kerk
El campanario de Oude Kerk

Si bien originalmente existía aquí un edificio de madera, lo que hoy vemos es una estructura gótica del siglo XIV, que se ha ido expandiendo hasta convertirse en una impresionante basílica. Tiene un órgano de casi 300 años de edad, y su carrillón es de 1658. Dediqué entonces algunos minutos para caminar a su alrededor y así pude apreciar el tamaño del magnífico edificio, inserto en medio de la ciudad. Las calles arboladas de su entorno me invitaron a tomar un respiro, y fue entonces cuando sentí el placer de lo que yo llamo «estar en modo viaje». Estos momentos no deberían faltar ni siquiera en los itinerarios más sencillos.

Avancé por la arteria principal Damrak que conduce desde Amsterdam Centraal a la Plaza Dam.  Esta avenida atraviesa el centro neurálgico del barrio Nieuwe Zijde, como se conoce desde hace tiempo al sector occidental del centro histórico. Si bien mucho de la época medieval ha desaparecido, existen en la zona numerosos edificios históricos, en especial cerca de la plaza.

Detalle del tímpano de una de las fachadas del Palacio Real
Detalle del tímpano de una de las fachadas del Palacio Real

Justo enfrente de Dam, se levanta el Palacio Real o Koninklijk Paleis, cuya construcción comenzó en el año 1648. Fue originalmente concebido como el edificio del Ayuntamiento de la ciudad o Stadhuis, hasta que en 1808 se lo transformó en Palacio Real. Si bien no es la residencia oficial del monarca, en la actualidad es utilizado por la familia real para ciertos eventos oficiales. Su estilo clásico es notable en todas sus fachadas.

A la derecha del Palacio Real, se levanta la Nieuwe Kerk. Es la segunda iglesia parroquial de la ciudad y data del siglo XIV. A lo largo de la historia, fue destruida varias veces por el fuego y también reconstruida. Desde 1814, es el sitio elegido para la coronación de los monarcas holandeses.

Del otro lado de la plaza, se erige el Monumento Nacional o Nationaal Monument, un obelisco de 22 metros de altura en memoria de los caídos en la Segunda Guerra Mundial. El obelisco es sin duda otro de los concurridos puntos de encuentro de Amsterdam.

Keizersgracht o Canal de los Emperadores
Keizersgracht o Canal de los Emperadores

Decidí entonces caminar por la zona que para mi gusto, es una de las más elegantes de la capital holandesa. Tomé por Raadhuisstraat, la calle que está detrás del Palacio Real, y crucé varios puentes. Todos ellos, sobre los canales que desde mi primer viaje a Amsterdam considero como mis preferidos: Singel, Herengracht, Keizersgracht y Prinsengracht. Estos canales ubicados en el barrio Grachtengordel-West tienen su origen en un ambicioso plan urbanístico.

Prinsengracht o Canal de los Príncipes
Prinsengracht o Canal de los Príncipes

Para conocer su historia hace falta remontarse a principios del siglo XVII, cuando comenzó la construcción del anillo de canales que rodean a Amsterdam, conocido como Grachtengordel, al oeste del Singel. Estos canales se construyeron cuando Holanda se encontraba en pleno Siglo de Oro, y su riqueza y orgullo nacional estaban en un altísimo nivel. Sobre este anillo de canales se edificaron opulentas mansiones de variados estilos, y es lo que hoy se puede apreciar cuando se transita por esta maravillosa zona de la capital. Al oeste del anillo y durante esa misma época, se reservaron los terrenos más pantanosos para la construcción de un barrio para obreros, que en su mayoría trabajaban en industrias que estaban prohibidas en el centro de la ciudad. Allí también se establecieron los inmigrantes. Se trata del barrio conocido con el nombre de Jordaan, que si bien en su momento fue una zona pobre de la ciudad, hoy en día es famosa por su aire bohemio.

La arquitectura de Amsterdam se caracteriza por los detalles, y no tanto por los grandes efectos. Debido a la inestabilidad del suelo, desde tiempos remotos se han dictado leyes para que las fachadas mantuvieran tamaños uniformes y las edificaciones fuesen construidas de materiales livianos, con ventanas amplias para disminuir el peso. Los dueños de las casas típicas de Amsterdam solían incluir algún detalle en ellas para individualizarlas, valiéndose de frontones, portales o ventanas decorados en estilos muy pintorescos.

Detalle de la torre del campanario de Westerkerk
Detalle de la torre del campanario de Westerkerk

Sobre Prinsengracht, o Canal de los Príncipes, se encuentran dos sitios muy visitados en la ciudad: La Casa de Ana Frank o Anne Frank Huis, donde dos familias judías se escondieron durante dos años en la Segunda Guerra Mundial y Westerkerk, una bellísima iglesia de estilo renacentista que fue construida cuando se diseñó el anillo de canales de Amsterdam en el siglo XVII, y donde contrajeron matrimonio la reina Beatriz y el príncipe Claus. La torre del campanario es la más elevada de su tipo en la ciudad, con 85 metros de altura. En la punta de la torre resalta el intenso azul de la corona imperial, que data del año 1638.

El pequeño Leliegracht o Canal de los Lirios
El pequeño Leliegracht o Canal de los Lirios

Perdiéndome en el elegante pero relajado paisaje urbano de Prinsengracht, llegué a un lugar que capturó mi atención sobremanera. Era un pequeño canal llamado Leliegracht o Canal de los Lirios, extremadamente angosto en comparación con sus vecinos, resguardado por una verde arboleda. Allí, los visitantes se repartían en las codiciadas sillas de las terrazas de los cafés. Y aunque ninguna de ellas se encontraba vacía, esto no fue impedimento para quedarme un buen rato observando la escena desde el mismísimo puente. El sol estaba bajando, y la luz era perfecta para tomar fotografías.

Bicicletas en Leliegracht
Bicicletas en Leliegracht

El entorno era especial. Los reflejos en el agua, los rayos del sol entre las hojas de los árboles y el ambiente de la tarde eran ideales para la contemplación. Y unas cuantas bicicletas, de las más de ochocientas mil que existen en la ciudad, fueron las protagonistas.

Centrale Bibliotheek Amsterdam
Centrale Bibliotheek Amsterdam

Cayendo la tarde, era hora de volver hacia la estación, ya que quería conocer un moderno edificio frente a Oosterdok: la Biblioteca Central o Centrale Bibliotheek, el más reciente edificio del grupo de bibliotecas públicas de Amsterdam. El complejo cuenta con 10 plantas y 1.200 asientos para lectura, de los cuales la mitad poseen computadoras con conexión a internet. También tiene un auditorio, una sala de exposiciones y un museo. El interior fue diseñado creando distintas zonas y ambientes, mediante un magnífico uso de la iluminación.

Vista del centro de Amsterdam desde la terraza de la Biblioteca Pública
Vista del centro de Amsterdam desde la terraza de la Biblioteca Pública

Desde el séptimo piso de la terraza de la biblioteca, pude apreciar una vista distinta de Amsterdam. Los muelles de Oosterdok resaltan en primer plano, y a lo lejos los edificios más modernos definen el skyline de la ciudad.

Los colores del atardecer sobre Sint Nikolaaskerk
Los colores del atardecer sobre Sint Nikolaaskerk

Los colores del atardecer de ese día de primavera se mostraban brillantes en un cielo casi despejado, así que cuando salí de la biblioteca, dejé que el tiempo pasara para disfrutar la ciudad bajo un manto de anaranjados inigualables. Esperé un poco más, y los rojos naturales dieron lugar a neones multicolores, brillando en la noche de la ciudad más tolerante que alguna vez haya visitado.

© Todos los textos e imágenes (a menos que se indique lo contrario) son propiedad de Roberto Rodriguez y Viajemosblog (2015).

Valletta: el valioso patrimonio de la capital de Malta

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La idea de viajar a Malta estuvo dando vueltas en mi cabeza durante mucho tiempo. La riqueza de su historia y patrimonio junto a las bellezas naturales, son los grandes atractivos de este país insular, ubicado a 93 kilómetros al sur de Sicilia y a 288 al este de la costa de África.

El archipiélago maltés está conformado por tres islas mayores: Malta, Gozo y Comino, y por otras tantas islas más pequeñas que no se encuentran habitadas. Con una superficie de 316 kilómetros cuadrados, la República de Malta tiene la densidad de población más alta de la Unión Europea.

Skyline de Valletta
Skyline de Valletta

Malta tiene una historia atrapante que ha estado definida significativamente por la posición estratégica que tiene en el Mediterráneo. Se cree que los primeros pobladores arribaron desde Sicilia durante la Edad de Piedra. En la Antigüedad, llegaron a Malta los fenicios, los griegos, los cartagineses y luego los romanos, que consideraban a la isla como parte de la provincia de Sicilia.

En la época medieval, luego de un breve dominio bizantino, Malta fue conquistada por los árabes, los que permanecieron allí durante más de doscientos años y dejaron una marcada influencia sobre el idioma maltés moderno. En el año 1090, con la llegada de los normandos de Sicilia, volvió la cristianización al archipiélago y se creó la nobleza maltesa, compuesta en su mayoría por inmigrantes italianos.

El paisaje típico de Valletta
El paisaje típico de Valletta

Dos siglos más tarde, Sicilia junto con Malta pasan a depender de la Corona de Aragón. El dominio hispano duró alrededor de doscientos cincuenta años, ya que en el año 1530, Carlos I de España otorgó las islas en arriendo permanente a los Caballeros Hospitalarios, que habían sido expulsados de Rodas algunos años antes. Y aquí es cuándo es necesario preguntarnos quiénes eran los Caballeros Hospitalarios y por qué es habitual confundir a Malta con la Orden que también lleva su nombre.

Para eso debemos ir un poco más atrás en la historia y entender el origen de la Orden de San Juan. En el año 1084, unos mercaderes napolitanos decidieron fundar en Jerusalén un hospital para peregrinos bajo la advocación de San Juan Bautista. Como el hospital se encontraba próximo a la Iglesia del Santo Sepulcro, la orden que lo administraba recibió el nombre de Orden de San Juan del Hospital de Jerusalén. Sin embargo, los cristianos estuvieron poco tiempo dominando Jerusalén, ya que cuando sobrevino la ofensiva musulmana, se vieron obligados a retirarse. En la búsqueda de una sede, la Orden de San Juan inició la conquista de Rodas, lo que pudo lograr en el año 1310, y fue a partir de entonces que los Caballeros Hospitalarios comenzaron a llamarse Caballeros de Rodas. Pero en algún momento de la historia la Orden de Rodas también perdió el dominio de esta isla, y los Caballeros comenzaron a deambular por Italia y Francia, hasta que el emperador español Carlos I les ofreció en arriendo la isla de Malta. Una vez instalados allí, los Caballeros adoptaron el nombre de Orden de Malta y continuaron con sus luchas contra los turcos. La Orden de Malta estuvo asentada en la isla hasta 1798, cuando Napoleón se apoderó del territorio. Podríamos decir que la orden estuvo virtualmente disuelta, con sus miembros asentados en distintas ciudades europeas durante muchos años, y organizados de formas distintas. Hoy se considera como su sucesora a la Soberana Orden de Malta, con sede en Roma, siendo su nombre completo Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta. Mi intención con este pequeño resumen es hacer notar que la isla fue la sede de una orden durante muchos años, pero no debemos confundir a la República de Malta con la Soberana Orden de Malta.

Volviendo a la conquista de Malta por parte de Napoleón, hay que hacer notar que ésta fue un tanto efímera. Los malteses se rebelaron y recibieron el apoyo de Gran Bretaña, que bloqueó las islas con sus barcos y logró la rendición francesa en el año 1800. Con esta situación, Malta pasó a ser un protectorado inglés, y también se abolió el idioma italiano.

Si bien Malta se independizó en 1964, los británicos continuaron ejerciendo un importante control del transporte y las comunicaciones. Recién en 1979, el país logró su libertad definitiva, y los británicos sólo dejaron en la isla las típicas cabinas de teléfono rojas y una gran predilección por el té.

En cambio, el legado que dejaron los Caballeros Hospitalarios en la isla fueron magníficos palacios y fortalezas, y es lo que vale la pena recorrer cuando se tiene un par de días para caminar por Valletta, la capital de la pequeña república, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1980.

Vista de Battery Street, Valletta
Vista de Battery Street, Valletta

La primera piedra de esta ciudad fue colocada en 1566 por el Gran Maestro de la Orden, Jean Parisot de la Valette. Arquitectos e ingenieros italianos planificaron la geometría de las fortificaciones y la red rectangular de calles de la ciudad. Para los amantes de la fotografía panorámica, es impactante la vista de Valletta desde las costas de las ciudades que la rodean. Sus murallas parecen advertir al visitante del poderío que existe en su interior. Es muy evidente que la ciudad ha sido planeada estratégicamente por los Caballeros, rodeada de bahías y elevada en medio del promontorio. Si bien en la Segunda Guerra Mundial fue fuertemente golpeada por los ataques aéreos alemanes e italianos, las murallas pudieron resistir los bombardeos.

Al observar el plano, la recorrida por la ciudad parecía una tarea sencilla. Sin embargo, cuando salí del cálido Osborne Hotel la primera mañana, noté que las calles tenían pronunciadas pendientes, inimaginables en tan pequeña superficie. Esas pendientes hacen que la geografía de Valletta sea en sí misma gran parte de su encanto.

Uno de los campanarios que flanquean la entrada de la Concatedral de San Juan, Valletta
Uno de los campanarios que flanquean la entrada de la Concatedral de San Juan, Valletta

Caminé hacia Republic Street, la arteria peatonal que me condujo a uno de los atractivos más importantes de la ciudad. Me refiero a la Concatedral de San Juan, conocida en maltés como Kon-Katidral ta’ San Ġwann, que comparte el status de catedral con la que se encuentra en la ciudad amurallada de Mdina.

Consagrada en 1578, la Concatedral de San Juan se muestra como una gran fortaleza. La austeridad es su característica externa más llamativa. Sin embargo, apenas crucé la puerta principal, el destellante esplendor de su decoración entró en escena, poniendo en evidencia el hecho de que en el año 1660, la nave fue transformada en una obra de arte del barroco.

El brillante altar de la Concatedral de San Juan, Valletta
El brillante altar de la Concatedral de San Juan, Valletta

Un brillante piso de mosaicos envuelve al visitante en un ambiente fastuoso, y el techo se convierte en un cielo repleto de coloridos frescos. Debajo de tantos mosaicos yacen los restos de cuatrocientos Caballeros Hospitalarios. A lo lejos, el impresionante altar de oro, plata y bronce acompaña la escena con gran protagonismo. A la derecha de la entrada, en el Oratorio, la obra maestra de Caravaggio, La decapitación de San Juan Bautista de 1608, es uno de los atractivos más visitados.

Edificio de la Main Guard en la Plaza de San Jorge, Valletta
Edificio de la Main Guard en la Plaza de San Jorge, Valletta

Salí de la Concatedral y volví a Republic Street, para seguir camino a la Plaza de San Jorge. Allí se encuentra otro de los tesoros de la ciudad: el Palacio del Gran Maestre, conocido en maltés como Palazz tal-Gran Mastru. Durante más de doscientos cincuenta años, este edificio construido entre 1573 y 1578, ha sido la sede del Gran Maestre, el líder de la Orden de los Caballeros de San Juan. En la actualidad funciona allí la Presidencia de la República de Malta y es la sede del Parlamento. Del otro lado de la plaza, el edificio de fachada neoclásica de la Main Guard que originalmente albergaba la guardia del palacio, hoy es sede de la Fiscalía General.

Los coloridos balcones de madera que caracterizan el paisaje de Valletta
Los coloridos balcones de madera que caracterizan el paisaje de Valletta

Bajé por la calle que se dirige hacia Fort Saint Elmo, y el paisaje se convirtió en un colorido entreverado de balcones de madera que sobresalían de los edificios. Estos balcones comenzaron a aparecer en la ciudad a mediados del siglo XVIII y gradualmente ganaron popularidad. Aunque se los comenzó a identificar como balcones típicamente malteses, en realidad derivan del tradicional mirador árabe, muy utilizado en el norte de África.

Si bien en sus orígenes eran de tonos rojizos por el tipo de madera utilizado en su construcción, con la llegada de los ingleses un particular tono de verde comenzó a ser el color oficial de los balcones de Valletta. Actualmente, se los ve de variados colores, desde rojo brillante hasta azul marino y púrpura.

Vista de Republic Street, con la Casa Rocca Piccola y sus verdes balcones en primer plano
Vista de Republic Street, con la Casa Rocca Piccola y sus verdes balcones en primer plano

Muy cerca de la Plaza de San Jorge, la Casa Rocca Piccola invita a los visitantes a recorrer sus más de cincuenta habitaciones. Este exquisito palacio, testigo de la época de los Caballeros Hospitalarios, fue construido en el siglo XVI y pertenece a una familia de nobles que ha decidido abrirlo al público.

El Albergue de Castilla, Valletta
El Albergue de Castilla, Valletta

Como vimos, en la pequeña superficie de Valletta existen magníficos palacios, y entre ellos destacan los que pertenecieron a siete de las ocho Lenguas en las que estaba dividida la Orden de San Juan. Uno de los más bonitos es el Albergue de Castilla, en maltés Berġa ta’ Kastilja, que albergaba originalmente a los caballeros de la Lengua de Castilla, León y Portugal. El edificio es actualmente la oficina del Primer Ministro de Malta y está situado en la Plaza de Castilla.

Fort Saint Angelo, visto desde los Upper Barrakka Gardens, Valletta
Fort Saint Angelo, visto desde los Upper Barrakka Gardens, Valletta

Aproveché el resto del tiempo en Valletta para recorrer sus amplios bastiones y murallas. En primer lugar, me dirigí a los Upper Barrakka Gardens, en maltés Il-Barrakka ta ‘Fuq, cercanos al Albergue de Castilla. Estos jardines públicos están hermanados con los Lower Barrakka Gardens, y ofrecen una maravillosa vista panorámica de la bahía, y del grupo urbano conocido como Las Tres Ciudades. Se trata de tres urbanizaciones fortificadas, algunas de la época medieval: Birgu, Senglea y Cospicua. Al asomarme a uno de los balcones de los jardines, el Fort Saint Angelo destacaba imponente en primer plano. Es una de las imágenes que siempre recordaré de Valletta.

Upper Barrakka Gardens, Valletta
Upper Barrakka Gardens, Valletta

Los jardines están situados en el nivel superior del Bastión de San Pedro y San Pablo. En el nivel inferior del bastión se encuentra la batería de cañones, que dejan oír sus salvas todos los días a las 12.00 y a las 16.00 horas. El parque es el punto más alto de las murallas de la ciudad, y sus vistas me mantuvieron entretenido mucho más tiempo del que había previsto.

Continué por la línea de la costa pasando por Victoria Gate, hasta llegar al Bastión de Saint Christopher, donde se encuentra el Memorial del Sitio de Malta, que recuerda el arribo a la isla del convoy Santa Marija durante la Segunda Guerra Mundial.

La cúpula de la Iglesia de Nuestra Señora de Liesse, sobre la costa de Valletta
La cúpula de la Iglesia de Nuestra Señora de Liesse, sobre la costa de Valletta

Las vistas de la caminata entre los Upper Barrakka Gardens y el Bastión de Saint Christopher son impresionantes. Un ejemplo de ello es el contraste del azul del mar con la cúpula roja de la Iglesia de Nuestra Señora de Liesse. Es uno de los circuitos que recomiendo hacer a pie para disfrutar a pleno lo que Valletta tiene para ofrecer.

Cuando planifiqué el viaje, no pensé que un país tan pequeño tuviese tantas sorpresas. Solamente Valletta merece al menos dos días para recorrerla. Una historia apasionante, su valioso patrimonio y los bellísimos paisajes, hacen de Malta un país mucho más grande de lo que parece.

© Todos los textos e imágenes (a menos que se indique lo contrario) son propiedad de Roberto Rodriguez y Viajemosblog (2015).

Carcassonne: el renovado encanto de la ciudad medieval

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En algo menos de una hora, la Autoroute des Deux Mers me llevó desde la costa del Mediterráneo hasta mi nuevo destino en el sur de Francia: la ciudad de Carcassonne. 

También conocida en español como Carcasona, o Carcassona en occitano, está situada a orillas del río Aude, es la capital del departamento del mismo nombre y se encuentra al sur de la región Languedoc-Roussillon. 

El clima frío continuaba pero afortunadamente los días de lluvia no fueron mayoría. El tenue sol de febrero podía disfrutarse desde la mitad de la mañana hasta las cuatro o cinco de la tarde. Días antes de llegar, había reservado una corta estadía de dos noches en el Hotel Mercure Carcassonne Porte de la Cité que se encuentra situado a metros de la ciudad medieval fortificada, el principal objetivo de mi visita.

El Pont Vieux sobre el río Aude y la ciudad medieval al fondo
El Pont Vieux sobre el río Aude y la ciudad medieval al fondo

Carcassonne es conocida por su ciudadela amurallada, un conjunto arquitectónico medieval restaurado por Eugène Viollet-le-Duc en el siglo XIX y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997.

Si bien los límites de la ciudad de Carcassonne van más allá de su ciudadela, dediqué prácticamente todo el tiempo a pasear por esta última, la cual tiene una interesante historia. Es recomendable conocer algo de ella antes de llegar, para entender que es lo que realmente vemos hoy cuando la visitamos.

En el promontorio donde está situada la ciudadela, es donde se han hallado las huellas humanas más antiguas, que datan del siglo VI antes de Cristo. Hacia el año 300 antes de Cristo, un pueblo de origen celta con un nombre poco conocido por estas latitudes -los volcas tectósages- se sometieron a los íberos del Languedoc y conquistaron el área donde hoy se encuentra la ciudadela. En el siglo primero antes de Cristo, este asentamiento, Carcaso Volcarum Tectosagum, se convirtió en la Colonia Iulia Carcaso. Durante los turbulentos siglos III y IV, el asentamiento necesitó protegerse con la construcción de un muro de unos 1.200 metros de largo. La fortificación constaba de dos líneas de murallas y un castillo, a su vez rodeada de fortificaciones que se extienden en una longitud total de 3 kilómetros. Las murallas romanas se fortalecieron con bastiones en forma de herradura, a intervalos más o menos regulares.

Carcassonne empezó a ser estratégicamente importante a partir del momento en el que los romanos fortificaron el promontorio y convirtieron al asentamiento en el centro administrativo de la Colonia Iulia Carcaso, denominada más adelante como Carcasum y Carcasso. En el siglo V llegaron los visigodos que dominaron gran parte de España y el Languedoc. Los árabes la conquistaron en el año 724, pero fueron expulsados ​​en el 759, después de un sitio dirigido por Pipino el Breve.

Tras la muerte de Carlomagno, el imperio comenzó a desmembrarse y se dio paso a la época feudal, cuando entraron en escena los Trencavel, una importante dinastía vizcondal que rigió varias zonas del Languedoc entre el siglo X y el XIII. En este período se desarrolló rápidamente el catarismo o doctrina de los cátaros (o albigenses), un movimiento religioso de carácter gnóstico arraigado en el Languedoc, donde contaba con la protección de algunos señores feudales. Raymond Roger Trencavels, vizconde de Carcassonne, toleraba y protegía la herejía en sus tierras, y por ello sufrió los embates de las cruzadas promovidas por el Papa. Todo terminó en 1209 cuando finalmente la ciudadela y las tierras de Trencavel fueron transferidas al jefe militar de la cruzada, Simon de Montfort, y más tarde, en 1224, serían cedidas al Rey de Francia.

El Pont Vieux sobre el río Aude. A la derecha el camino se dirige hacia la Bastide Saint-Louis.
El Pont Vieux sobre el río Aude. A la derecha el camino se dirige hacia la Bastide Saint-Louis.

Bajo los reinados de Luis IX, Felipe el Atrevido y Felipe el Hermoso, la ciudadela adquirió su fisonomía actual. Al nacer el nuevo burgo de la Bastide Saint-Louis en la orilla izquierda del río Aude, la ciudadela se reafirma en su papel de fortaleza real. Sin embargo, el uso de nuevas técnicas de guerra y la retirada de la frontera franco-española en 1659 con la Paz de los Pirineos, conduce poco a poco a su abandono. En el siglo XVIII ya no es más que un barrio miserable y alejado de la rica ciudad al otro lado del río. Fue gracias a la acción del célebre arquitecto Viollet-le-Duc que Carcassonne se salvó de la demolición, y hoy todos podemos disfrutar de la ciudad fortificada mejor conservada de Europa.

El busto de Dame Carcas en la Porte Narbonnaise
El busto de Dame Carcas en la Porte Narbonnaise

El recorrido por la ciudadela lo inicié desde el este, ingresando por la Porte Narbonnaise o Puerta de Narbona, orientada hacia la ciudad de la costa mediterránea que le da el nombre. Fue construida alrededor del año 1280 durante el reinado de Felipe III de Francia y está protegida por una barbacana. Allí se encuentra el busto de Dame Carcas, la princesa sarracena protagonista de una famosa leyenda aparecida en el siglo XVI. Según dicha leyenda, cuando la ciudadela fue ocupada por los sarracenos, Carlomagno continuó atacándola por 5 años. Como el pueblo se estaba quedando sin provisiones, Dame Carcas, viuda del rey Ballak y a cargo de la ciudadela, tuvo la idea de mostrar abundancia para desconcertar al enemigo. Fue así que hizo que el último cerdo que quedaba, se comiera la última ración de trigo que había y lo arrojó fuera de la ciudadela. Cuando Carlomagno notó que habían arrojado un cerdo repleto de trigo desde la muralla, pensó que en la ciudadela sobraba la comida y decidió retirarse. Dame Carcas hizo sonar todas las campanas para celebrar la victoria. Los soldados decían entonces Carcas sonne, en referencia a que Dame Carcas estaba haciendo sonar las campanas. El origen del nombre de la ciudad se le atribuye a esta leyenda.

Una vez pasada la puerta, ingresé a la ciudadela por la Rue Cros Mayrevieille donde se encuentran los principales comercios. El que más llamó mi atención fue La Cure Gourmande, que es el paraíso de los dulces, el chocolate y las galletas. Al llegar a la Place du Château, giré hacia la izquierda para entrar en la pequeña Place Marcou, un sitio ideal para relajarse en alguna de las terrazas de los cafés y restaurantes de la ciudadela.

Una de las puertas de acceso a la Basilique Saint-Nazaire
Una de las puertas de acceso a la Basilique Saint-Nazaire

Desde allí, y siguiendo por la Rue du Plo, fue muy sencillo encontrar la Basilique Saint-Nazaire, una iglesia románica, cuya parte más antigua se remonta al siglo XI. En su emplazamiento originalmente existía una catedral carolingia de la cual no queda vestigio alguno. En el siglo XII se construyó la nave actual, que se dejó intacta durante las ampliaciones de la época gótica. El portal románico se reformó completamente en el siglo XIX durante la restauración de Viollet-le-Duc. En 1801, a la iglesia se le quitó el rango de catedral de Carcassonne en favor de la iglesia de Saint-Michel, situada en la ciudad baja. Se convirtió en basílica en 1898.

Edificio frente a la Place Auguste Pierre Pont
Edificio frente a la Place Auguste Pierre Pont

Siguiendo por el lado norte de la iglesia ingresé a la pequeña Place Auguste Pierre Pont. Allí se abren dos callecitas, a cada lado de un edificio muy particular. Elegí seguir por la romántica Rue Saint-Louis, hacia la derecha.

Rue Saint-Louis
Rue Saint-Louis

Caminé a lo largo de la Rue Saint-Louis, donde me detuve algunos minutos para dejar que el escaso tiempo que habitualmente tenemos en los viajes, se haga eterno en ese instante. Allí, en esa callecita vacía, se dejaba percibir el paso de los años, y pensé en las tantas historias que podrían haber ocurrido por aquellos lugares, tan añejos y misteriosos. Esas cosas que tiene Europa, solamente Europa.

Frente del Château Comtal
Frente del Château Comtal

Finalmente llegué al Château Comtal. Situado en el oeste de la ciudad fortificada, el castillo condal se encuentra adosado a la muralla exterior. Su construcción fue iniciada por Bernard Aton IV Trencavel durante el período románico, hacia el año 1130. Durante la época de dominio real francés, entre 1228 y 1239, se lo rediseñó en su totalidad con el fin de convertirlo en una fortaleza dentro de la ciudadela.

Foso y puente de acceso al Château Comtal
Foso y puente de acceso al Château Comtal

Es impactante el foso que rodea completamente la pared interna. La puerta de entrada al castillo, enmarcada por dos torres, solo es accesible por un puente con una parte fija de piedra seguido por una parte levadiza impulsada por contrapesos. El castillo y sus murallas incluyen nueve torres, dos de las cuales son de época visigoda.

Con estas bellas imágenes que quedaron grabadas en mis retinas, concluí mi visita a la ciudad medieval de Carcassonne y aproveché las últimas horas del sol de la tarde para caminar a lo largo de las murallas. El tamaño de estas paredes hace que uno se sienta terriblemente insignificante. Debe haber sido esa la idea de quienes lo diseñaron. Hacer sentir al enemigo, un diminuto visitante.

© Todos los textos e imágenes (a menos que se indique lo contrario) son propiedad de Roberto Rodriguez y Viajemosblog (2015).

Wrocław: de la Plaza del Mercado a la Isla de la Catedral

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Mi segunda visita a Polonia fue con la intención de conocer el sur del país. Llegué por carretera en aproximadamente cuatro horas desde Praga. El crudo invierno me recibió con temperaturas bajísimas, pero el sol brilló durante los dos días que le dediqué a esta bella ciudad, una joya escondida en esta parte de Polonia y fuera de los circuitos tradicionales. Wrocław, como se la conoce en polaco, es la capital del Voivodato de Baja Silesia y la ciudad más importante del suroeste del país, con más de seiscientos mil habitantes y llegando a alrededor de un millón si se considera su área metropolitana.

Conocida en español como Breslavia y en alemán como Breslau, tiene el sello de distintas culturas. Fue fundada en el siglo X por el duque Vratislav de Bohemia sobre las márgenes del río Oder. El duque hizo construir allí un castillo y le dio al asentamiento el nombre de Vratislavia o Wratislaw. En el año 1000 se estableció en ella un obispado polaco. Varios años más tarde, en 1138, se transformó en la capital del Ducado de los Piastas de Silesia, la línea más antigua de la dinastía Piasta. Un siglo después, en el año 1241 la ciudad fue destruida durante la invasión de los mongoles, y gran parte de su población se vio forzada a huir, mientras que otros se refugiaron en el castillo.

Wrocław y toda Silesia fueron objeto de una intensa colonización alemana en la Edad Media. La ciudad se volvió a fundar y su arquitectura tiene un clara influencia germánica. Sin embargo, en el año 1335 cayó bajo dominio checo y en 1526, junto con todo el Estado Checo, pasó a formar parte del Imperio Habsburgo. Dos siglos más tarde, en 1741, quedó en manos del Reino de Prusia, luego de la victoria del rey Federico II «El Grande» sobre el ejército austríaco.

Durante el siglo XIX la ciudad llegó a ser una de las más importantes de toda Alemania. Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, tres cuartas partes de ella quedaron en ruinas. Luego de los acuerdos de la Conferencia de Potsdam de 1945, Wrocław y la mayor parte de Silesia se convirtieron en territorio de Polonia.

Afortunadamente, los excelentes trabajos de reconstrucción permiten hoy disfrutar de una fabulosa arquitectura.

Los coloridos edificios que rodean la Rynek de Wrocław
Los coloridos edificios que rodean la Rynek de Wrocław

Como los sitios históricos de la ciudad se encuentran relativamente cerca, es posible ir de un lado a otro a pie. Lo recomiendo ya que sus callecitas son espacios únicos que se van descubriendo de a poco.

Comencé mi recorrido del primer día por la famosa Plaza del Mercado o Rynek, la segunda plaza más grande de Polonia, después de la de Cracovia. Por lo que pude ver, este sitio nunca duerme. Hay gente a toda hora caminando por allí, inclusive de madrugada y en pleno invierno. La Plaza del Mercado es el punto de reunión de los habitantes de la ciudad y también de los turistas, ya que allí se localiza una gran cantidad de restaurantes, cafeterías, bares y discotecas. Allí, sobre Rynek 14, también se encuentra la oficina del Centro de Información Turística de Wrocław.

La historia se va dejando ver en cada esquina de la ciudad. La plaza, diseñada en el siglo XIII, está rodeada por emblemáticos y coloridos edificios. Algunos conservan el estilo gótico de los siglos XIV y XV. Otros son un claro ejemplo de la arquitectura del Renacimiento y del Barroco e incluso algunos nos muestran estilos más contemporáneos.

Fachada este del edificio del Antiguo Ayuntamiento
Fachada este del edificio del Antiguo Ayuntamiento

Emplazado en medio de la Rynek se encuentra el edificio del Antiguo Ayuntamiento o Stary Ratusz. Fue construido entre los siglos XIII y XV y constituye uno de los más importantes ejemplos de la arquitectura gótica de Europa Central y del Este. La torre que domina al conjunto edilicio tiene una altura de 66 metros. En la torre destaca un bello reloj flanqueado por dos estatuas. Otro elemento que llamó mi atención fue el emblemático reloj astronómico de 1580 que se encuentra en la fachada este. Es recomendable caminar alrededor de todo el edificio para poder apreciar cada detalle de sus fachadas.

Sobre el lado sur del Antiguo Ayuntamiento se encuentra la entrada a un famoso sitio que es destino de muchos de los que visitan la ciudad: Piwnica Świdnicka, la más antigua bodega de cerveza de Wrocław, del siglo XIV. Y no olvidemos que esta ciudad es famosa por su gastronomía, y en sus restaurantes se pueden disfrutar los mejores platos de la cocina polaca. Por supuesto, no pueden irse sin probar los deliciosos pierogi.

Las casas Jaś i Małgosia o Hansel y Gretel, unidas por una arcada barroca
Las casas Jaś i Małgosia o Hansel y Gretel, unidas por una arcada barroca

Me dirigí hacia la esquina noroeste de la Plaza del Mercado, donde dos edificios unidos por una arcada despertaron mi curiosidad. Se trata de Hansel y Gretel o Jaś i Małgosia, dos casas medievales probablemente construidas en el siglo XV, que eran entonces parte del grupo de casas parroquiales de la basílica que se encuentra a sus espaldas.

Basílica de Santa Isabel de Hungría en Wrocław
Basílica de Santa Isabel de Hungría en Wrocław

La impresionante Basílica de Santa Isabel de Hungría o Bazylika św. Elżbiety, es hoy una iglesia católica edificada en la Edad Media. Su estructura se remonta al siglo XIV. La torre principal, rematada por una aguja de estilo gótico, tenía originalmente 130 metros de altura. Sin embargo, la iglesia fue dañada por una tormenta en 1529, que destruyó dicha torre. La misma fue reconstruida entre 1531 y 1535 en estilo renacentista, ahora tiene 91 metros de altura y existe en la parte superior una plataforma de observación con vistas de toda la ciudad. Es accesible mediante una escalera de 300 escalones.

Desde 1525 hasta 1946, la basílica fue la cabeza de la Iglesia Luterana de Silesia. En 1946 fue expropiada y pasó a manos de la Iglesia Católica Romana de Polonia.

Venta de tulipanes en Plac Solny
Venta de tulipanes en Plac Solny

Retomé el camino por la Plaza del Mercado, e inmediatamente ingresé a la Plaza de la Sal o Plac Solny. Antiguamente, se alineaban en esta plaza puestos de venta de sal y de otros productos como miel, cera, caviar, té y carne de cabra. Los últimos puestos de sal fueron retirados de la plaza en 1815, pero el comercio allí continúa, ya que hoy en día está repleta de puestos de venta de flores. El resto del día continué disfrutando de esta zona. Creo haber rodeado la Plaza del Mercado más de cuatro veces, y en cada recorrido pude ver algo distinto. Sin duda es el lugar que no puede faltar en una visita a la ciudad.

Edificio de la Universidad de Wrocław
Edificio de la Universidad de Wrocław

A la mañana siguiente luego del desayuno, me dirigí hacia el río por la calle Odrzańska, y llegué al edificio de la Universidad de Wrocław, que fue establecida como una academia por el Emperador Leopoldo I en el año 1702. Recién en 1811 se convirtió en universidad. Ingresé al edificio por su escalera central y llegué a las puertas del Aula Leopoldina, una majestuosa obra de arte barroca realizada entre 1728 y 1741. Al final de la escalera, pude disfrutar de la amplia terraza al aire libre con muy bonitas vistas del río y del otro lado de la ciudad.

Seguí el curso del Oder hacia el este, por la calle Grodzka, y llegué al puente Piaskowy, que une esta parte de la ciudad con la isla Piasek, que se traduce como isla de Arena. El puente indica el inicio de la ruta que conduce a la ciudad medieval. La isla Piasek se originó como un pequeño banco de arena, que ha sido un centro religioso desde el siglo XII. Está dominada por la Iglesia de Santa María en la Arena y rodeada por un parque muy verde.

Puente Tumski en la parte norte de Wrocław
Puente Tumski en la parte norte de Wrocław

Caminé por la orilla de río hasta llegar al puente Tumski, construido entre 1888 y 1892. Este puente me llevó hasta la Isla de la Catedral, cuyo nombre en polaco es Ostrów Tumski. Aquí, en esta isla, comenzó la historia de la ciudad de Wrocław. Luego de la fundación de la ciudad por parte del duque Vratislav de Bohemia, en el año 1000 se estableció un obispado y la isla se convirtió en el centro del poder ducal. Cuando la ciudad se mudó a la margen izquierda del río Oder en 1292, la isla continuó siendo la base de la autoridad eclesiástica.

Monumento a San Juan Nepomuceno frente a la Colegiata de la Santa Cruz y San Bartolomé
Monumento a San Juan Nepomuceno frente a la Colegiata de la Santa Cruz y San Bartolomé

Al ingresar a la isla, el edificio más notable para mí fue la Colegiata de la Santa Cruz y San Bartolomé o Kolegiata Świętego Krzyża i św. Bartłomieja, que es una iglesia gótica de dos plantas cuya construcción se inició en 1288. Es la segunda iglesia más grande de la Isla de la Catedral. Frente a ella, destaca el Monumento a San Juan Nepomuceno.

Catedral de San Juan el Bautista
Catedral de San Juan el Bautista

El otro edificio importante en la isla, es la magnífica Catedral de San Juan el Bautista o Archikatedra św. Jana Chrzciciela. Es la sede de la arquidiócesis católica de Wrocław y un símbolo de la ciudad. Es una iglesia gótica con añadidos neogóticos y el edificio actual es la cuarta iglesia que fue construida en el sitio. La primera iglesia en el lugar de la actual catedral fue construida a mediados del siglo X.

Mi recorrido de este segundo día en Wrocław, luego de la visita a la famosa Isla de la Catedral, se completó con un paseo por la Galeria Dominikańska, lugar ideal para hacer compras en tiendas de los más variados gustos. El tiempo restante lo dediqué a disfrutar del sol en la Plaza del Mercado saboreando una completa merienda en uno de sus tantos cafés. También allí compré algunos regalos típicos polacos, entre los que recomiendo los dulces de Polskie Frykasy. Las mejores cerezas cubiertas en chocolate de toda Polonia -y por qué no de toda Europa- las probé en este lugar!

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